Juan David Cortés Prom 2012

    Juan David es un exalumno de la promoción 2012 que realizó una travesía transatlántica en velero, vivencia que le dejó muchas experiencias y aprendizajes. En esta ocasión, aprovechamos para preguntarle acerca de sus motivaciones y le pedimos su testimonio acerca de esta maravillosa oportunidad que se le presentó, hace ya un par de años.

    Juan David vivió la experiencia de atravesar el Mar Atlántico gracias a una serie de eventos afortunados. Durante su práctica empresarial, tuvo la oportunidad de conocer a Max, un ingeniero francés expatriado, que tenía entre sus planes regresar a su tierra natal. Surgió una amistad en la que compartían el gusto por la música, dado que Juan David toca el saxofón, y asimismo, una oportunidad de practicar el francés aprendido durante años anteriores.

    Cuando Max compartió sus planes de regresar a Francia en su propio velero e invitó a Juan David a unirse junto a su sobrino a la travesía transatlántica, Juan David no lo pensó dos veces y accedió a la invitación de su colega. No pudo zarpar con ellos desde Cartagena debido a sus deberes académicos, pero se les unió en Turks and Kaykos, donde tuvo que esperarlos durante unos cuantos días debido a que venían con un retraso. Juan David aprovechó la situación para conocer la isla, aprender Kreol (un “broken french”, como lo llaman los nativos) y disfrutar de la compañía de la gente local.

    Empezar la travesía es difícil para los viajeros mientras se van “marinando”, el malestar y el mareo son muy fuertes y es una experiencia físicamente exigente. Para la navegación, actividad que aprendió en la marcha, se rotaban en periodos de a tres horas, tiempo que aprovechaba para meditar y reflexionar. Durante el tiempo que estuvieron navegando tuvo la oportunidad de observar delfines, atunes, peces voladores, medusas e incluso la vía láctea.

    De Turks and Kaykos navegaron 8 días hasta Hamilton (Bermuda), donde se provisionaron y descansaron para retomar su camino hacia las Islas Azores (a ¾ de camino entre América y Europa), camino que les tomó 15 días, que aunque no fueron tan retadores como los que vendrían más adelante, eran bastantes para estar en mar abierto. Las Islas Azores les regaló unos paisajes que les remitía al siglo XV, algo diferente a todo, y es allí donde tienen la única oportunidad para pescar durante todo el viaje. En su estadía, conocen más gente que está viviendo la misma experiencia y comparten relatos con otros navegantes. Durante esos días, cuando tenían algo de tiempo para socializar, Juan David amenizaba los ratos con su saxofón.

    Posteriormente se dirigieron a la Costa Sur de España, travesía que duró 8 días. En este punto la navegación se empezó a tornar muy desafiante y sienten toda la fuerza del mar. Finalmente logran llegar a Cadiz. En este punto pasan por el Faro del Fin del Mundo que se encuentra en la punta más suroccidental de Europa, el cual es un punto muy emocionante, pues se empieza a dar el paso del Oceáno Atlántico al Mar Mediterráneo.

    En Cádiz se quedan 4 días aproximadamente y se encuentran con el Fenómeno Vientos de Levante (un par de días en que la dirección del viento cambia y pasa del Mediterráneo al Atlántico, al revés de lo normal) y debido a esto, deben esperar. Juan David asegura que hay una frase de Max que lo marcó mucho, al afirmar que “Muchas veces en la vida, así como en la navegación, a veces lo único que hay por hacer es esperar” y eso significa que uno no esté haciendo nada, simplemente está esperando a que las mejores condiciones sigan para uno retomar el camino que se está labrando. Allí aprovecharon la espera para comer muy bien, se deleitaron con el pescado frito, las tapas, y lograron descansar un poco.

    Cuando pudieron continuar, pasaron el Estrecho de Gibraltar para llegar a la Costa Sur de Marvella, donde el mástil sufrió una avería y allí tuvieron que detener su travesía, que en total duró 40 días.

    Juan David relata con emoción la experiencia, aunque así mismo recuerda que es una experiencia retadora, agotadora e  incómoda en muchos momentos, haciendo que se valoren todas las comodidades y beneficios con los cuales se cuentan en el día a día. El hecho de tener una casa a donde llegar, una cama cómoda en donde dormir, tener acceso a una ducha y a variedad de comida, son lujos que muchas veces damos por sentado. Es una experiencia única pero se debe estar dispuesto a sacrificar su zona de confort.

    Juan David asegura que esta vivencia le dejó recuerdos inmemorables, historias para contar y muchos libros leídos en el trayecto. Es en definitiva, una historia que llevará siempre en su corazón.

    Posición diaria del trayecto recorrido

    Por favor, cuéntanos quién eres y cómo empezaste este camino.

    ¡Creo que esta es una de esas preguntas que nunca es fácil de responder! Resumir lo que somos en un par de líneas es algo complejo jaja, pero bueno, haré el mejor intento.

    Soy Juan David Cortés Sarmiento, exalumno promoción 2012 e Ingeniero de Petróleos egresado de la Universidad de América. Más allá de mi profesión, soy apasionado por la música, aún toco el saxofón con varios grupos de amigos que he ido encontrando en el camino; me encanta hacer deporte, usualmente monto bici y en épocas de normalidad juego basketball y fútbol (aunque debo admitir que para este último soy mucho menos técnico y lo hago con más pasión); me encantan los viajes, los idiomas y la lectura.

    La pasión por los deportes, la música y los idiomas viene desde el colegio, en dónde desde los primeros años de primaria hice parte de diferentes equipos. Empecé con el fútbol, pero luego viendo que se me facilitaba mucho más el Basket decidí seguir por este camino. La música empezó en 5to grado cuando, estando en clase de batería, un profesor ingresó a preguntar a quién le gustaría aprender tocar el saxofón; unos cuantos amigos y yo levantamos la mano y, bueno, esto luego llevó a que ingresara a la banda tropical, la orquesta sinfónica y, hoy, más de diez años después, sigo interpretando el instrumento.  Los idiomas siempre me gustaron, recuerdo que en los últimos años del colegio inclusive nos metimos por decisión propia con algunos amigos, a la alianza francesa para reforzar nuestro nivel de francés; hoy en día aún tomo clases y también he aprendido a hablar en italiano.

    Pienso que ha sido la combinación de muchas de estas herramientas las que me han traído al punto en el que me encuentro hoy en día, entre otros aspectos, incluye una travesía inolvidable que hice en el 2017 en un velero de 10 metros de largo con dos tripulantes adicionales desde una pequeña isla llamada Turks and Caicos hasta la costa sur de España. Sin duda alguna esta es una de aquellas experiencias que te marcan positivamente de por vida; aunque también debo admitir que ha sido la situación más retadora y que me más ha llevado al límite física y mentalmente.

    ¿A qué te dedicas actualmente?

    Actualmente estoy trabajando en el área de desarrollos de negocios y alianzas estratégicas, de una empresa de tecnologías de productividad de pozos y recobro mejorado de hidrocarburos. En los últimos años también tuve un rol como ingeniero de producción y de manejo de reservas en una empresa de exploración y producción de hidrocarburos. Adicionalmente, fui recientemente admitido a una maestría en Management Engineering en el Politecnico di Milano, por lo que proyecto estar iniciando esta nueva etapa de mi vida en el primer semestre del próximo año; claro está, sujeto a cómo termine de evolucionar toda la contingencia sanitaria global.

    ¿Qué te inspiró a lanzarte en esta aventura?

    Definitivamente fue el saber que esta era una oportunidad de una vez en la vida. Cuando ingresé a la universidad, uno de los propósitos que tuve fue intentar viajar lo que más pudiera. Durante esta etapa pude conocer varios países en diferentes continentes y fui aprendiendo lo gratificantes que son las experiencias de conocer nuevos lugares y de salirse de la zona de confort. Cuando en el 2017 se presentó la oportunidad de hacer el viaje en el velero, no dudé ni siquiera un instante en aceptarlo. Sabía que, si no lo hacía en ese instante, no lo haría jamás, que sería una aventura inolvidable, que conocería lugares que ni siquiera sabía que existían, que viajaría como lo ha hecho la humanidad durante casi toda la historia; usando la energía eólica, y que al final del día tendría una experiencia que me acompañaría por el resto de los días.

     

    ¿Qué buscabas? ¿Qué experiencia o enseñanza te dejó la travesía transatlántica en velero?

    No creo que buscara algo en específico. Simplemente sabía que no aceptar una oportunidad así sería como rechazar la lotería. Para resumir la historia, cuando hice mi práctica empresarial conocí a un ingeniero francés que le encantaba navegar, que tenía su propio velero y que a veces hacía regatas con la gente de la empresa. Durante la práctica me volví bastante amigo de él (acá los puntos de hablar francés y tocar el saxofón sin duda alguna fueron claves) y me invito a una de las regatas. Luego, un año después, él decidió que ya llevaba viviendo demasiado tiempo fuera de Francia (más de 20 años) y decidió regresar a su hogar, en su velero. Él necesitaba tripulantes que le ayudaran a llevarlo y me invitó. La fecha del viaje coincidió con la fecha de finalización de mis exámenes finales de la universidad y pude ir con él. Si uno se pone a pensarlo, creo que la probabilidad de que algo así sucediera, es mucho menor que la de ganarse la lotería.

    Los aprendizajes de la experiencia son varios. En este tipo de viajes es muy importante ser capaz de adaptarse a nuevas circunstancias. Uno nunca sabe cómo se va a comportar el viento, puede que uno tenga que cambiar trayectorias, subir y bajar velas un sin número de veces, los tiempos de llegada son verdaderamente desconocidos. Por ejemplo, el velero salió de Cartagena, pero yo no alcanzaba a salir de ahí por compromisos de la universidad y acordé encontrarme con la tripulación en Turks and Caicos, sin embargo, por temas de viento, mareas y demás, el velero llegó 7 días después de lo inicialmente planeado, por lo que yo tuve que quedarme 7 días en la isla, conociendo nueva gente y culturas, y viendo también como sobrevivía gastando lo menos posible; al final tuve que adaptarme a ese cambio inesperado.

    También está todo el tema de la resiliencia. La navegación a vela es extenuante, incómoda y demorada. Uno debe ser capaz de seguir ordenes, trabajar en equipo, cumplir horarios, y ser paciente, muy paciente. Cuando llevas 15 días sin ver tierra firme y más de 40 días navegando en total, haciendo turnos de 3 horas de manejo x 6 de labores varias y descanso, estando constantemente mojado por el mar, a veces con frío o con calor, con algo de náuseas (luego de haberse ya “marinado”, porque los primeros días las náuseas son insoportables), te das cuenta de lo mucho que puedes resistir y soportar. Luego de este viaje, cuando he tenido otras situaciones que puedo pensar son retadoras o extenuantes, simplemente recuerdo que ya pasé por algo que sin duda alguna fue mucho más exigente y que lo logré, entonces sé que cualquier otra cosa que llegue nunca se acercará siquiera a eso que ya viví, por lo que no dudo que podré sacarlo adelante.

    También está el agradecer las pequeñas cosas, uno empieza a valorar la comida de la casa, tener una cama que no esté inclinada, poder ducharse con agua caliente, entre otras. Muchas veces damos todo por sentado y no nos damos cuenta de su valor. Creo que en esto se asemeja mucho a las enseñanzas que nos está dejando la contingencia sanitaria actual.

    Pero también está ver paisajes inolvidables, animales que no sabía que existían y vivir momentos que pensaba sólo se veían en cuentos o películas. Nunca se me olvidará el primer día que vimos las Islas Azores luego de 15 días de navegación, o los paisajes de Bermuda, o el Faro “del Fin del Mundo”, o un concierto en la Plaza de la Catedral de Cádiz, estos son momentos que están grabados en mi memoria.

    ¿Cómo crees que aportó el Colegio a lo que eres hoy?

    Sin duda alguna me dio muchas de las herramientas que necesité para recorrer todo este camino. Me preparó académicamente para seguir teniendo buenos resultados en la universidad, que luego me llevaron a tener una buena práctica empresarial, seguida de la travesía transatlántica, y luego unas primeras experiencias laborales muy provechosas, de mucha responsabilidad, pero que también me gocé completamente. Desarrollé habilidades que dentro del mundo de la ingeniería son bastante inusuales como el tema de la música, deportes e idiomas. Al final del día esto simplemente hizo natural el relacionamiento con diferentes personas, me permitió hacer nuevos amigos y generar una red de contactos más amplia, abriendo nuevas oportunidades. También está el tema de la disciplina, el esfuerzo y trabajo en equipo, que aprendemos desde pequeños. Me podría quedar mencionando muchos temas, pero todo se resume en que el Colegio nos otorga una caja de herramientas muy completa para que nosotros construyamos nuestros propios caminos ¡Ya está en cada uno de nosotros decidir hacer uso de estas herramientas!